Ramiro Calle: Viaje espiritual privado



PREGUNTA | Me llamo Lorena, tengo 26 años y hace unos tres que despertó en mí lo que podríamos llamar el anhelo por lo espiritual, aunque en mi ambiente no hay nada de ello, si bien mis padres son creyentes, pero de un modo muy diferente a lo que siento. Comencé a practicar yoga y taichi, a meditar y a leer muchos libros sobre el tema, sin faltar los tuyos, y a asistir a talleres y conferencias. Nunca he tenido interés por la religiosidad eclesiástica, pero sí empecé a sentirlo por la espiritualidad como tal, sin dogmas.

Tengo una familia maravillosa, un novio que se desvive por mí y buenos amigos, pero te escribo porque a veces siento una gran soledad, incluso desesperación, porque a ellos no les interesa este tema. No puedo hablarlo con mi novio, es como si fuera refractario al tema, incluso le incomoda. Sabe lo importante que es para mí la meditación, pero jamás me pregunta cómo me va. Tú que tienes tanta experiencia y que a veces hablas de esa “soledad del ser”, ¿me puedes orientar? A veces pienso en romper con mi novio, aunque lo quiero mucho.



RESPUESTA | Lo que te sucede es más frecuente de lo que crees, sobre todo cuando uno comienza con esta búsqueda interior y tiene tanta necesidad de ser comprendido, escuchado e incluso que las otras personas se beneficien de lo que a nosotros nos ayuda. Pero siempre que un alumno mío en clase de meditación se lamenta de que es incomprendido al respecto o de que no le prestan atención cuando quiere convencer a los otros, le digo con sentido del humor: “Un yogui no es un salvador de almas”. Bastante tiene uno con seguir su viaje hacia los adentros, conocerse y tratar de irse realizando. Informa o háblales sobre el tema, Lorena, a aquellos que les interese o veas receptivos al respecto, pero con las otras personas relaciónate desde otro ángulo, con otro tipo de discurso.

La búsqueda espiritual es muy íntima y privativa, y ni siquiera debemos hacer gala de ella. Si la podemos compartir, lo hacemos, pero si no, evitarlo también es un buen ejercicio de contención consciente. No te sientas ni sola ni desdichada por ello. Cada persona tiene sus intereses y motivaciones vitales, sus tendencias. Lo importante es que tu novio, por ejemplo, te respete, aunque no entienda o comparta tus intereses espirituales o anhelo de autodesarrollo. Es cierto que en muchas parejas surge una brecha cuando no se comparten los mismos intereses existenciales, pero pienso que eso significa debilidad. Por eso, hay que aprender a respetar los tres espacios: el tuyo, el mío y el nuestro. Conseguiréis espacios comunes y otros que no, y eso, siempre que haya respeto, no debe desalentarte. Igual a él le gusta la ópera y a ti, no.

Tú sigue con tu práctica, bien motivada, y no te empeñes ni en que los demás la compartan ni que ni siquiera la aprueben, o desaprueben. Sé indiferente a ello. La propia práctica de la meditación nos enseña a cultivar una actitud de ecuanimidad que nos hace más firmes ante la aceptación o el rechazo. Igual ya conoces ese símil de que el sol de manera natural expande sus rayos, pero no se preocupa de si alguien quiere o no quiere tomarlos.
Autor: Ramiro Calle.

1 comentario:

  1. Me parece excelente el comentario de Ramiro, con relación a la consulta de la chica.

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